Si no sabes lo que es un molino de viento, lee El Quijote de la Mancha. Acá luchamos contra varios, hermano. Está todo tirado, pasado por arriba. Somos el moco seco que apuñala tu nariz. ¡Pero si estoy loco, che!
Vos nos sonás de arranque y nos aspiras de un saque. Eres el profesor del burrerío, el alabador de la ignorancia. Te importa la enseñanza como una mosca en el universo. Falso profeta de cuentas simples, de libros tristes.
Burro, vos sos el burro. Caníbal de ilusiones, rey de mi herramienta. Despilfarras asco, nos envías al infierno. Vos y todos tus secuaces, pichones de un vagón de ineptos.
Que el delantal y el cumplimiento, el orden y lo juicioso. Todas tus palabras se las lleva el viento pero lastiman a los nuestros.
Rata miserable detrás de un mostrador. Tomador de café compulsivo. Y a usted, señora semejante a un rinoceronte. Con esos labios rojos que son sangre de mi cerebro. Pollera gris, deformadas caderas, equívoca en este mundo. A vos, pedazo de ruina incrustada en el cemento que no acepta el rendimiento ni la escasa moneda.
Y nosotros, pobre burros. Culpables de cualquier cosa, dueños del futuro. Seremos la involución y la fuerza que siempre caiga en manos de las ratas. Somos alimento de perro, dignos de la patria.
Moriremos conscientes de nuestra ignorancia, sin poder hacer absolutamente nada... nada más que estas líneas de desahogo y fastidio. Que fea es la vida por estos lados, que horror y que desencanto. Tan pálida que vivirla es la gracia de la misma.
Brindar por las palabras de un viejo amigo, de mi padre, de mi madre. Por la comida y su delicia, por la música, los libros, la guitarra. Por un buen mate amargo y un whisky amarillo. Nada más tiene objetivo, nada nos llena más que llorar a escondidas.
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