Quedé alelado cuando me clavaste tu mejor puñal, manchado de historias tristes que encierran un pasado de terror. Obra maestra del terror fue tu pasado, majestuosa obra de arte. Pudriste los rincones de todos los corazones que derramaron por ti una lágrima, que entregaron su sangre en un balde húmedo.
Y mírate ahora, llena de nada, vacía de todo. Jurando al cielo ser buena esclava de esta vida para no temer hasta la muerte. Paladeando envidia, respirando mezquindad, sufriendo por tu accionar. Sola y triste, como un vinilo de tango rescatado del polvillo. Esa mueca falsa no te la quita Dios, mi reina. Esa cara abúlica de felicidad o conformidad reluce como las estrellas de un cielo negro. El espejo anda muy cerca tuyo, encontrarás en él una silueta desdibujada y moribunda, con los días contados y el terror de huir para siempre. Estás a un paso de ese mercurio para verte reflejada en las sombras del abismo. No hay Paraíso ni Infierno, no existe la inmortalidad, no te salva nadie, la perdición te acompaña de la mano hacia las cumbres de la oscuridad, donde el misterio ruge fuerte y nadie sabe cómo llegar.
sábado, 13 de septiembre de 2014
miércoles, 27 de agosto de 2014
Día de la radio
La voz del tipo allí adentro tiene vida y movimiento. Un invitación a lo imaginario, un viaje al infinito. La compañera de un domingo, la hermana del tiempo. Su música, su arte, su voz en carne viva. Vive aunque la quieran matar. Vive su pena y tristeza en un grito de gol, en un locutor de antaño. Es tan grande y hermosa que enamora al solitario que se deje querer por su simple grandeza. Radio vieja y moderna, de mi infancia junto a un árbol o bajo la almohada. Darte el corazón a cambio de una compañía en la siesta.
Pero ahora ya estas vieja, en agonía y sin recambio dicen los que nunca escucharon tu poesía. Sola estás, sí. Sola fuiste siempre. A merced del destino quedan tus palabras, en bandeja marchitan los silencios. Solo te pido un segundo más, uno más de hermandad.
miércoles, 20 de agosto de 2014
El Rincón de Tota
LA PALABRA
La vida está en código.
Hay que descifrar el mensaje
encontrar la fórmula.
No podemos comunicarnos
con señales incoherentes.
Hay un lenguaje común
irreemplazable.
La palabra es la clave.
No nos detenemos a escuchar
el urgente llamado,
y apenas nos rozan las palabras
como débiles señales.
Olga Echavarren.
Mi abuela.
Hacia ninguna parte
Un día se cortará la luz. El pibe deberá salir a la calle, ir al mercado y comprar un par de velas. Al regresar, no habrá televisión y el celular se quedará sin batería, por ende no servirá para más nada. Entonces, tendrá que pensar que hacer y eso lo pondrá muy nervioso. Se verá encerrado en sí mismo y buscará en su memoria algo que lo saque de esa desesperación. Pero ocurrirá algo cruelmente común en los jóvenes como él. No podrá pensar, no sabrá pensar. Su cerebro volverá a insistir con la televisión y con el celular, pero los aparatos no andarán más, no servirán.
Entonces correrá hacia su habitación y buscará allí la salvación. Entrará, mirará y verá elementos como una pelota, dos o tres libros y algún muñeco de plástico. Pero eso no lo conformará y el llanto será inminente. ¡Y aún lo peor estará por venir!
Sacará el celular nuevamente de su bolsillo para ver la hora pero ya no funcionará. No le quedará más remedio que ir a la cocina donde su madre estará cocinando y levantar levemente su mirada para fijarse que hora marca el reloj de pared. Cuando se figure del tiempo, recordará que en breve estará jugando Boca frente a River. Todo se tornará oscuro. El celular no le andará, la televisión y la computadora tampoco y no querrá escuchar el partido por radio porque no entenderá la narración del relator.
Las opciones se le irán acabando hasta llegar a pensar que la vida es injusta, que nada tiene sentido. Pasarán las horas y la luz no volverá, el calor del verano será agobiante y no habrá ventilador ni aire acondicionado. El pibe quedará sentado en el piso, buscando el frescor del mismo y allí notará que es terriblemente infeliz. La tristeza lo abordará hasta palidecer. La noche se avecinará de repente, su padre no volverá del trabajo y su madre no le dará de comer. No sabrá como terminó el partido. Tampoco sabrá si alguien le escribió un mensaje para pasar el rato.
En la cama, no pegará un ojo. La madrugada lo pasará por arriba y la luz no volverá. El pobre pibe recibirá su merecido. Durante todo el verano la luz no regresará y su mente se pervertirá. Al caer el otoño, todo seguirá siendo igual. El celular lo habrá archivado en un cajón, la televisión la sacarán hacia el garaje, en lugar del aire acondicionado colgarán un cuadro y la depresión será abismal. Las esperanzas se esfumarán y el invierno lo tomará de imprevisto. Nunca más habrá luz ni electricidad. El padre no habrá vuelto del trabajo desde el verano y su madre aún no habrá servido la comida.
La muerte lo saludará desde el rincón donde antes estaba el televisor y la vida se despedirá lentamente como las noches de verano sin ventilador. El pibe correrá hacia la calle luego de varios meses sin ni siquiera mirarla por la ventana y allí no encontrará nadie. No estarán en la esquina sus amigos de la infancia, la plaza estará abandonada con los pastos crecidos hasta la rodilla y las cuadras seguirán siendo oscuras.
Hacia donde corra, no habrá escapatoria. Un dolor lo abrazará y se entregará a las manos del destino sin saber que éste será su último aliado.
Entonces correrá hacia su habitación y buscará allí la salvación. Entrará, mirará y verá elementos como una pelota, dos o tres libros y algún muñeco de plástico. Pero eso no lo conformará y el llanto será inminente. ¡Y aún lo peor estará por venir!
Sacará el celular nuevamente de su bolsillo para ver la hora pero ya no funcionará. No le quedará más remedio que ir a la cocina donde su madre estará cocinando y levantar levemente su mirada para fijarse que hora marca el reloj de pared. Cuando se figure del tiempo, recordará que en breve estará jugando Boca frente a River. Todo se tornará oscuro. El celular no le andará, la televisión y la computadora tampoco y no querrá escuchar el partido por radio porque no entenderá la narración del relator.
Las opciones se le irán acabando hasta llegar a pensar que la vida es injusta, que nada tiene sentido. Pasarán las horas y la luz no volverá, el calor del verano será agobiante y no habrá ventilador ni aire acondicionado. El pibe quedará sentado en el piso, buscando el frescor del mismo y allí notará que es terriblemente infeliz. La tristeza lo abordará hasta palidecer. La noche se avecinará de repente, su padre no volverá del trabajo y su madre no le dará de comer. No sabrá como terminó el partido. Tampoco sabrá si alguien le escribió un mensaje para pasar el rato.
En la cama, no pegará un ojo. La madrugada lo pasará por arriba y la luz no volverá. El pobre pibe recibirá su merecido. Durante todo el verano la luz no regresará y su mente se pervertirá. Al caer el otoño, todo seguirá siendo igual. El celular lo habrá archivado en un cajón, la televisión la sacarán hacia el garaje, en lugar del aire acondicionado colgarán un cuadro y la depresión será abismal. Las esperanzas se esfumarán y el invierno lo tomará de imprevisto. Nunca más habrá luz ni electricidad. El padre no habrá vuelto del trabajo desde el verano y su madre aún no habrá servido la comida.
La muerte lo saludará desde el rincón donde antes estaba el televisor y la vida se despedirá lentamente como las noches de verano sin ventilador. El pibe correrá hacia la calle luego de varios meses sin ni siquiera mirarla por la ventana y allí no encontrará nadie. No estarán en la esquina sus amigos de la infancia, la plaza estará abandonada con los pastos crecidos hasta la rodilla y las cuadras seguirán siendo oscuras.
Hacia donde corra, no habrá escapatoria. Un dolor lo abrazará y se entregará a las manos del destino sin saber que éste será su último aliado.
domingo, 8 de junio de 2014
Desde una tribuna
Un gol te da vida, un gol te da muerte. Rugen los miles desde una pendiente, atrincherados por el alambrado olímpico.
Tiemblan rodillas, se transpira agonía. Y la pelota rueda, sobre un césped caro que un pobre hombre dedicó su tiempo. Se cuentan millones, se vende alegría. Allá en las tribunas no caben suspiros.
El entusiasmo del domingo culmina en el llanto, en el vino, en las calles. Pero hay ilusión, mi amigo, de un divino partido.
Cantan los miles desde una barranca de cemento, de historia, de obreros. Rompen los miles la mano de obra, la cortesía, el sacrificio. A un gol de la gloria, a un gol del abismo estamos en camino del destino venidero. Progreso de involuciones, estupefaciente adictivo.
En los rincones de alguna nube y debajo de los rayos del sol, se aglomeran las ideas, se profundiza el magnetismo, se abstraen de la vida.
Por las cumbres de un estadio, las banderas ya se enrollan, las botellas ya se arrojan tras las piedras de un ladrillo, que picado varias veces y desecho como el tinte de una tarde de domingo, pican fuerte en el césped trabajado por un humilde tipo.
Tiemblan rodillas, se transpira agonía. Y la pelota rueda, sobre un césped caro que un pobre hombre dedicó su tiempo. Se cuentan millones, se vende alegría. Allá en las tribunas no caben suspiros.
El entusiasmo del domingo culmina en el llanto, en el vino, en las calles. Pero hay ilusión, mi amigo, de un divino partido.
Cantan los miles desde una barranca de cemento, de historia, de obreros. Rompen los miles la mano de obra, la cortesía, el sacrificio. A un gol de la gloria, a un gol del abismo estamos en camino del destino venidero. Progreso de involuciones, estupefaciente adictivo.
En los rincones de alguna nube y debajo de los rayos del sol, se aglomeran las ideas, se profundiza el magnetismo, se abstraen de la vida.
Por las cumbres de un estadio, las banderas ya se enrollan, las botellas ya se arrojan tras las piedras de un ladrillo, que picado varias veces y desecho como el tinte de una tarde de domingo, pican fuerte en el césped trabajado por un humilde tipo.
martes, 3 de junio de 2014
Por último, Bélgica
El entrenador, Marc Wilmots, confirmó sus 23 hombres que viajarán a tierras brasileñas. Bélgica integra el Grupo H junto a Argelia, Corea del Sur y Rusia. Su debut será ante los africanos el 17/6, en Belo Horizonte.
Ellos son:
Arqueros: Thibaut Courtois (Atlético de Madrid), Simon Mignolet (Liverpool) y Koen Casteels (Hoffenheim).
Defensores: Vincent Kompany (Manchester City), Thomas Vermaelen (Arsenal), Jan Vertonghen (Tottenham), Toby Alderweireld (Atlético de Madrid), Daniel van Buyten (Bayern Munich), Nicolas Lombaerts (Zenit), Anthony Vanden Borre (Anderlecht) y Laurent Ciman (Standard Lieja).
Centrocampistas: Marouane Fellaini (Manchester United), Axel Witsel (Zenit), Steven Defour (Porto), Moussa Dembelé (Tottenham), Kevin de Bruyne (Wolfsburgo) y Nacer Chadli (Tottenham).
Delanteros: Romelu Lukaku (Everton), Eden Hazard (Chelsea), Dries Mertens (Nápoles), Adnan Januzaj (Manchester United), Kevin Mirallas (Everton) y Divock Origi (Lille).
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